Observatorio Latinoamericano contra la violencia en las escuelas

martes, 29 de septiembre de 2009

En todos los colegio deben funcionar las Escuelas para Padres para prevenir violencia familiar

Lima - Perú.- (Andina - La República) Las ‘Escuelas para Padres’ deben funcionar en todos los colegios, públicos y privados, del Perú y contar con psicólogos para que la labor de prevención de la violencia familiar tenga los efectos positivos que se esperan, consideró el Instituto Guestalt de Lima (IGL).
El director del IGL, psicólogo Manuel Saravia Oliver, consideró importante el funcionamiento de las ‘Escuelas para Padres’ porque contribuyen, por ejemplo, a ejercer pautas de crianza en las que no se recurra, bajo ninguna circunstancia, al castigo físico o psicológico a los hijos. “Lamentablemente, no todos los colegios cuentan con ‘Escuelas para Padres’ ni con un psicólogo que pueda desarrollar un trabajo integral con los padres y, en caso de detectar situaciones de agresión física y/o psicológica en el hogar, a la esposa y/o a los hijos, se pueda realizar las derivaciones respectivas para el tratamiento especializado”, manifestó.
Opinó que los colegios deberían contar con plazas para psicólogos, a fin de que estos profesionales puedan atender de la manera más adecuada las sesiones con los padres de familia, para que el ambiente de la crianza sea el más adecuado.
En ese sentido, Saravia Oliver sostuvo que es fundamental que los padres asistan a las charlas y eviten enviar a los tíos o abuelos, dado que los padres son quienes tienen, en primer lugar, la responsabilidad de criar a sus hijos, pese a que puedan recibir ayuda de otros familiares durante su ausencia.
El especialista subrayó que nada justifica la agresión física o psicológica de nadie, y menos aún de un menor, sobre todo si se trata del propio hijo.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Situación de la violencia escolar

Canarias - España.- (EFE) Según un estudio del defensor de pueblo sobre violencia escolar, la incidencia del maltrato en las aulas ha bajado en los últimos años. Unos datos que, no obtante, no deben llevar a un falso optimismo, ya que sigue habiendo acoso en todos los centros y el 24% de los alumnos tiene miedo de ir a clase.

Jalisco ocupa el segundo lugar nacional en violencia escolar

Guadalajara - México.- (Ignacio Pérez Vega - Milenio) Jalisco ocupa el segundo lugar nacional en violencia escolar, en alumnos de educación básica de entre 6 y 15 años de edad, solo detrás de Oaxaca, informó Francisco Javier Rodríguez Díaz, investigador de la Universidad de Oviedo, España, quien coordinó un estudio sobre el caso en España, Argentina y México.
En Oaxaca, 25 por ciento de los estudiantes ha sufrido por lo menos algún caso de violencia por sus pares y en Jalisco el índice es de 22 por ciento, explicó a su vez, Claudia Chan Gamboa, jefa del departamento de Psicología Aplicada de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien participó en el trabajo.
“La situación de Jalisco es muy preocupante y creo que los medios de comunicación tendrían que ser corresponsables”, indicó Francisco Javier Rodríguez.
El especialista señaló que hay que diferenciar entre los diferentes modos de violencia, pues existe el bullying, la violencia escolar y la violencia de género.
“Creo que estamos confundiendo a la gente. La violencia escolar siempre se da cuando hay una relación de superioridad y es una conducta intencional con el objeto de producir daño a otra persona”, dijo Rodríguez Díaz.
En España, insultar, romperle un libro a un compañero y diferentes modos de violencia llegan a alcanzar niveles de 90 por ciento.
El experto participará en el Segundo Seminario Internacional de Psicología Jurídica y Forense, a realizarse del 17 al 19 de septiembre en el Centro Universitario de Ciencias de la Salud, donde se darán a conocer más detalles sobre el estudio comparativo entre los países señalados.

Violencia escolar: Un problema de salud pública

Alicante - España.- (V. López Deltell - Diario Información) Seis de cada diez menores que acosan en el colegio acaba delinquiendo. A este dato se acogen las principales asociaciones de pediatría, como la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, que tiene sede en Alicante, para advertir de la necesidad de prevenir la violencia que afecta a los menores. Organizaciones de pediatras han alertado de que la violencia que afecta a los menores es un problema de salud pública, que se puede prevenir.
Los expertos, como el presidente de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) en Alicante, Christian Squittieri, estiman necesario que se actúe para acabar con datos como el de que seis de cada diez menores que acosa en el colegio acaba delinquiendo antes de los 24 años. Este tipo de cifras nacionales «son perfectamente extrapolables a Alicante, una provincia que en este tipo de estadísticas está más cerca de zonas pobladas como Madrid o Barcelona que de otras provincias como las de Extremadura», asegura Squittieri.
Tras la recopilación de diversos estudios, responsables de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP) y SEPEAP han advertido de que no hay nivel socioeconómico que esté libre de violencia vinculada a los menores y opinan que se ha producido «un desprestigio de la autoridad de los padres y profesionales relacionados con los jóvenes», concreta el presidente de la sociedad que tiene sede en Alicante.
En España, el 17 por ciento de la población escolar sufre acoso escolar, es decir, al menos una agresión semanal durante más de seis meses, un fenómeno que suele comenzar a partir de los 6 años, que aumenta a los 8-14 años y disminuye en los últimos años de la adolescencia. En Alicante, el equipo de Christian Squittieri está iniciando un trabajo de recopilación de datos «para conocer exactamente la estadística provincial, aunque realmente podríamos decir que este caso estaríamos en general un poco por encima de la media española», apunta el experto.
Los profesionales de la pediatría plantean la necesidad de que se refuercen los contextos sociales frente a la violencia, protegiendo a las víctimas y sancionando a los agresores. «Vemos que la consideración de la agresión como valor está extendida en los jóvenes» y también «la falsa sensación de que aquí no pasa nada», explica el pediatra Patricio José Ruiz Lázaro, de la SEPEAP, que ha realizado un estudio con adolescentes.
Entre ellos detecta actitudes que no ayudan a prevenir la violencia. Por ejemplo, muchos de ellos aseguran que «la violencia en la calle ha sucedido siempre y no puede cambiarse», que «todos lo hacen», que «si te provocan y no entras al trapo y no pegas, no te respetan» o que «la persona que te ama te puede pegar». Squittieri incide en este aspecto en un problema añadido. «El maltrato físico está muy protocolizado y es, en general, muy fácil de valorar. Ahora debemos dirigir nuestros esfuerzos hacia la detección del maltrato psicológico, porque es muy difícil de controlar y porque sus efectos, a largo plazo, son mucho más dañinos», asegura Christian Squittieri.
Respecto a los casos de maltrato infantil, según los datos que manejan las citadas asociaciones de pediatría, sólo se detectan entre el 10 y el 20 por ciento de los hechos y la mayoría de ellos se cometen por negligencia, asegura la doctora Carmen Martínez González, de la AEPAP, aunque ha alertado de que están aumentando las situaciones de maltrato psicológico cometidos por uno de los padres en procesos de separaciones. «Es importante detectar estas situaciones para no entrar en una espiral que judicialice al niño», señala la pediatra, quien reivindica una mayor intervención de los servicios de atención primaria, sociales y educativos «ante cualquier sospecha para intentar contener el maltrato».
Además, los profesionales como Squittieri consideran necesario que se refuerce el respeto a la autoridad que deben ejercer profesionales, como los pediatras o los educadores, que deben intervenir ante este tipo de situaciones y que se mejore su formación para detectar las situaciones de riesgo.
Por otro lado, el presidente provincial Christian Squittieri defiende, aunque siempre de una forma controlada, la bofetada terapéutica. «Sigue siendo recomendable darle una palmadita al bebé en el pañal, pero de una forma suave y espaciada en el tiempo», expone.

martes, 22 de septiembre de 2009

La violencia en las escuelas se extiende a las clases de primaria

Galicia - España.- (Manuel Allende - La Voz de Galicia) La preocupación por la violencia en las aulas de primaria y secundaria en Inglaterra comenzó hace diez años. Los profesores británicos, tal y como indican las cifras publicadas esta semana por la Association of Teachers and Lectures, continúan haciendo frente a agresiones de los alumnos y de sus padres. Más de un tercio de los docentes (el 39%) han sido atacados por parte de los padres, y casi una cuarta parte han sufrido violencia física por parte de alguno de sus alumnos.
Jill, directora de un colegio de Londres, fue atacada en una ocasión por un alumno de 12 años: resultó con dos costillas rotas y el hombro dislocado. Louise, profesora en el mismo centro, cuenta cómo «en una ocasión un padre me amenazó con lanzarme una silla solo porque dije que su hijo no mostraba el más mínimo respeto en clase». Para Jill, este es el principal problema. «Aquellos alumnos que proceden de un entorno familiar en el que no se valora el respeto a los demás se comportan de manera violenta», afirma.
Pese a los intentos del Gobierno, que deja a algunos centros contratar personal de seguridad, el 40% de los profesores indican que el comportamiento de los alumnos ha empeorado en los dos últimos años. Curiosamente, ha aumentado la violencia en las clases de primaria. Un 33% de sus profesores han sido atacados físicamente, frente a un 20% de los de secundaria.

El acoso escolar amenaza a casi un 2% de los niños españoles

España.- (Guía Infantil) Bullying es una palabra inglesa que significa intimidación. Infelizmente, es una palabra que está de moda debido a los innúmeros casos de persecución y de agresiones que se están detectando en las escuelas y colegios, y que están llevando a muchos escolares a vivir situaciones verdaderamente aterradoras.
El Bullying se refiere a todas las formas de actitudes agresivas, intencionadas y repetidas, que ocurren sin motivación evidente, adoptadas por uno o más estudiantes contra otro u otros. El que ejerce el bullying lo hace para imponer su poder sobre el otro, a través de constantes amenazas, insultos, agresiones, vejaciones, etc., y así tenerlo bajo su completo dominio a lo largo de meses e incluso años. La víctima sufre calada en la mayoría de los casos. El maltrato intimidatorio le hará sentir dolor, angustia, miedo, a tal punto que, en algunos casos, puede llevarle a consecuencias devastadoras como el suicidio.

Casos concretos de bullying

En España se estima que un 1,6% de los niños y jóvenes estudiantes sufren por este fenómeno de manera constante y que un 5,7% lo vive esporádicamente. Los datos varían en función de la fuente de la que procedan y del enfoque manejado a la hora de estudiar el fenómeno. Una encuesta del Instituto de la Juventud (INJUVE) eleva el porcentaje de víctimas de violencia física o psicológica habitual a un 3% de los alumnos. Y afirma que un 16% de los niños y jóvenes encuestados reconoce que ha participado en exclusiones de compañeros o en agresiones psicológicas.
El Defensor del Pueblo señala que en 5% de los alumnos reconoce que algún compañero le pega, mientras el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA) indica que un 49% de los estudiantes dice ser insultado o criticado en el colegio, y que un 13,4% confiesa haber pegado a sus compañeros.
Libre, libre. Mis ojos seguirán aunque paren mis pies. Estas fueron algunas de las últimas palabras que dejó escritas Jokin Zeberio, de 14 años, antes de suicidarse, tirándose al vacío con su bicicleta, desde lo alto de la muralla de Hondarribia, España, en septiembre de 2004. Jokin venía sufriendo el acoso de sus colegas desde hacía años. Las continuas amenazas, humillaciones, insultos, golpes, palizas, lo hicieron sufrir y lo llevaron a la muerte. El hecho hizo sonar la alarma social, política y educativa, y ha generado múltiples debates. Pero, lamentablemente, no frenaron el fenómeno. Los casos de bullying afloran y cada día nos percatamos que no son recientes ni raros.

Violencia juvenil, retrato de una sociedad en crisis

Buenos Aieres - Argentina.- (Marta Dávila - La Nación) Parecería que muchos de nuestros jóvenes se guían por el "todo vale", exponiéndose a conductas de riesgo donde la acción prima sobre el pensamiento. Pasan de la euforia extrema y el movimiento imparable a estados de aburrimiento en los que nada les interesa. Se advierten comportamientos inadecuados y violentos, que evidencian una franca confusión de roles y desequilibrio entre la edad biológica y la psicosocial. Mantienen una actitud de hostilidad y hasta de crueldad que explota sin ideologías ni estrategias y los lleva a abrir numerosos interrogantes sobre su futuro.
En definitiva, este es el retrato de una sociedad en crisis, ante la cual también nos preguntamos sobre su devenir.
¿Qué pasa cuando la transmisión de un sistema de valores, creencias e ideales está rota o agrietada porque no se encuentran soportes familiares con un sólido arraigo como para formar las bases de un próximo andamiaje? En una sociedad caracterizada por la pérdida de valores tradicionales, la ambigüedad, el consumismo exagerado y el pensamiento light , las pautas indispensables para la convivencia se han fragilizado. Aquello que debería ser una transmisión lógica y articulada, aparece quebrada, desanudada, con eslabones ausentes.
¿Qué ocurre cuando hay pérdidas familiares tempranas, fallas o desestructuración del grupo y, aun frente a la situación casi cotidiana de ausencia de los padres por exigencias laborales, quedan los niños muchas veces solos durante horas frente al televisor o Internet?
Modelos de identificación. Las funciones propias de los padres han perdido claridad y dejaron como saldo patrones indefinidos con atribuciones imprecisas.
Si en el momento de la adolescencia, cuando la persona necesita mucho de figuras de identificación que lo acompañen y sostengan, los padres continúan ausentes, sin poner los límites necesarios ni marcar pautas de conducta y convivencia, queda irremisiblemente perdida la capacidad de reflexión del joven, que ya no va ir a la búsqueda de un verdadero "encuentro" empático con los adultos que puedan ayudarlo a reconocer sus propias limitaciones.
Se ha pasado de la familia patriarcal, autoritaria y dominante, a un estilo demasiado permisivo, en los que se confundió libertad con dejar hacer, sin imprimir límites necesarios. Cuando los padres están inseguros, no advierten que se puede ser firme sin ser severo, y flexible sin ser impreciso.
Frente a lo intolerable del dolor por la falta del elemento sostén, el chico aparece desarrollando patologías relacionadas con los ataques de pánico y también fuertes sentimientos de odio, donde el síntoma fundamental es la violencia, que se expresa en forma de tormento hacia sí mismo o hacia los otros, resentimiento y remordimiento.
Para negar el dolor por el abandono, el adolescente acude a defensas evitativas, mecanismos que ayudan a que se sostenga la idea de que todo es posible y que no es necesario el límite en la acción. Alcoholismo, drogadicción y violencia sin fin son algunos de los gritos de demanda que provendrán de la exclusión y que señalan, mediante estas escenas, la alta conflictiva familiar y social, y el no-lugar.
En este punto, los educadores, figuras paternas sustitutas, pueden servir de auxilio como modelos de identificación, comprender o poner límites necesarios, cosa que no siempre ocurre, puesto que estos muchas veces se sienten amedrentados y arrasados por la violencia del joven, que a su vez ha sido víctima de la deprivación afectiva o ambiental.
Como vemos, la violencia no es privativa de un sexo, aunque varones y mujeres la expresan de diferente manera: en los chicos es más desembozada, van directamente al hecho, a la acción, mientras que las chicas son más escondedoras.
En este tironeo entre pulsión de vida y de muerte, los programas televisivos, juegos en red y algunos sitios de Internet refuerzan la característica violenta de descarga. Ante la falta de modelos tradicionales, los jóvenes encuentran en los noticieros y personajes televisivos sus propios modelos. El efecto contagio y la dificultad de encontrar docentes que le sirvan de referente y sostén interior, hacen que trasladen la agresión e inseguridad, también al ámbito escolar.
Así se presenta la tragedia juvenil: en un mundo sin adultos, sin reflexión y sin códigos éticos que está arraigándose día a día en la sociedad.

Autoridad: ¿por ley o por calidad?

Valencia - España.- (Salvador Peiró Grégori - Universidad de Alicante - Grupo de estudios de actualidad de Valencia - Las Provincias) Antes de ayer se recordaba que la Comunitat Valenciana ya había anticipado la consideración del docente como autoridad pública (decreto sobre convivencia escolar), pero sin centrarse tan claramente en la consideración del docente como autoridad pública como la Comunidad de Madrid. También el Rey de España ha defendido el mismo principio, refrendado por el ministro de Educación, ambos con motivo de la inauguración del curso escolar. Tales planteamientos no vienen porque con el tiempo haya madurado esta cosa pública. Hay una historia detrás de tales iniciativas; por ejemplo, la idea valenciana comenzó como consecuencia de nuestros trabajos y las consideraciones del comité de expertos del observatorio de la violencia escolar. No obstante, tales deliberaciones fueron precedidas por equipos anteriores de la Generalitat, que comenzaron des de la inspección de Alicante. Luego, se intentó prestigiar informalmente la figura del docente mediante cortos publicitarios en TVV. El resultado hizo poco; sin embargo, sí motivó plantear otras medidas como el mencionado decreto de convivencia.
Entiendo que ahora el reactivo que impulsa la nueva recuperación de la autoridad formal del profesor es el informe que sobre la situación ofrece la encuesta efectuada sobre 23 países (Talis de la OCDE, junio 2009). Esta remarca que los alumnos españoles están a la cabeza de Europa en indisciplina. En esta se explica que el 75% de los profesores consultados a nivel internacional creen que faltan medidas para incentivar la calidad de la enseñanza.
No obstante, surgen dudas, pues la propuesta de 'autorizar' al profesor por ley ¿será efectiva? Desde mi punto de vista, la norma es como una guía y, también, ofrece perspectivas disuasorias respecto a malos modales. Consiguientemente es necesaria y va por buen camino tal medida legal. Pero la norma por sí no es suficiente, ya que debe referirse a su finalidad valiosa, que es lo importante. La autoridad demanda respeto, obediencia, orden, cuidado de los enseres, etc. Entonces, antes o al mismo tiempo que legislar sobre autoridad, hay que pensar un modelo sobre cómo promover la autoridad de maestras y docentes. Bien, ahora me explicaré yendo al fondo del problema.
Autoridad supone un autorizante y un autorizado. Primariamente, quien delega la autoridad es cada familia. Pero, en la dinámica de la relación directa entre alumnos y profesor, el alumno ha de autorizar al que recibe la venia docente por ley (consideración de autoridad pública). Pero, si el autorizado (profesor) sólo la asume desde esta perspectiva formal, se quedaría corto y apenas serviría de nada, puesto que pudiera ser que sólo «no actuarían en su contra» por temor, esto no educaría. El enseñante recibe la autoridad «en función de» (Bochenski, 1979). En este sentido, la autorización verdadera la dan los padres 'in jure', pero eficazmente la hacen real los alumnos, que aprecian la autoría de los saberes que tienden a aprender (en la medida que el docente sabe bien y lo explica efectivamente) y a la vez tales estudiantes, debido a la actuación e influencia del docente, manifiestan, cada vez más, mejor grado de autocontrol y autonomía. En este contexto, si la relación educador-educando no es eficaz, no sólo suspenden, sino que provocan aburrimiento. Y, si el asunto sucede entre los de la ESO, se generan conflictos.
Una explicación de esto nos la ofrece Jacqueline Eccles, de EE UU (2008), que puso de manifiesto que la Educación Secundaria conllevaba una serie de cambios con respecto al tramo anterior que no solían ir en consonancia con las nuevas necesidades del adolescente; muy al contrario, escuela y alumnado parecían seguir caminos divergentes que culminaban con un claro desencuentro. Esto se explica porque la entrada en la adolescencia conlleva unas mayores capacidades cognitivas que requerirían actividades más estimulantes y retadoras. Pero, cuando un IES sólo ofrece actividades rutinarias (según algunos estudios, copiar del encerado parece la tarea a la que el alumnado dedica más tiempo), que suponen un escaso alimento para su pensamiento formal, entonces el aburrimiento se transforma en aborrecimiento de la situación. La proyección hacia los demás no se deja de esperar y surge la crisis.
Recordemos que los estudiantes del IES manifiestan necesidad de autoafirmación personal; tienen problemas de autocontrol emocional que da mayor irritabilidad; suelen proyectar fuertes descargas de rabia, que engrandecen la disconvivencialidad escolar; también sienten falta de motivación o interés hacia lo mero abstracto, que son las lecciones memorísticas, etc. Todos estos aspectos se multiplican por cada uno de los chicos y chicas que convergen en el aula. Por esto, durante estos años, las relaciones entre alumnado y profesorado se tornan más tensas y distantes, llegándose en algunos casos a auténticos enfrentamientos. Esto se concreta con lo mencionado por el informe Talis (2009), el cual nos asegura que somos uno de los países con mayores interrupciones durante las clases, así como absentismo e impuntualidad de los alumnos. Aseguran allí que el clima de enseñanza-aprendizaje está muy enrarecido: el 27% de los maestros españoles han sufrido intimidación verbal. El 40% de los profesores se quejan de que sus alumnos son conflictivos. El uso o posesión de drogas y alcohol en las aulas españolas es del 20%, mientras que la media europea es un 11%. Los profesores españoles dedican el 16% del tiempo lectivo a imponer orden en clase.
Por consiguiente, escudarse en «no me toques que soy 'autoridad'» es un peligro de intentar generar un poder hueco, incluso anoréxicamente ético. Sería una especie de autoritarismo. El docente neoautoritario no necesita manifestarse bajo actos de violencia física, sucede también mediante procedimientos de coacción encubierta, menosprecio, violencia psíquica, discriminación, insulto cínico, manipulación, adoctrinamiento, etc., llegando así a caer en una violencia moral.
Sepamos, pues, que mediante decreto y normas de centro sólo se establecen las bases para comenzar a desempeñar la docencia. La dignidad docente exige un estatuto de tal función y este debe insistir en una dimensión deontológica: moral profesional. A la vez esto conlleva una PEC con valores humanos incorporados y desarrollados, así las normas dejarían de ser meras camisas de fuerza para ser instrumentos al servicio de la plena realización de cada alumno.
La violencia escolar surge cuando se afronta el conflicto de una manera equivocada, dando lugar a la ruptura y a una espiral conflictiva que anula las posibilidades educativas y deteriora el clima de convivencia.